Iba a la casa de Irene, quien ya era viuda (desde hace veinte años) y con hijos (la realidad es que no es viuda y tiene hijos). No recuerdo qué tenía que ver con uno de sus hijos, ni qué hacía en casa de ella. Pero su casa estaba a unos cuantos pasos de un cerro con bosque, como en la casa de mis papás; salí a ver las estrellas, y distinguía que entre los árboles debería estar Orión, el cinturón de Orión, pero no podía verlo. Después de rato de tratar de quitar la bruma, pude ver dos estrellas pequeñas y débiles titilando entre los árboles. Sí: la constelación no estaba en el cielo, sino cerca del cerro, a la altura de sus árboles.
Iba en un autobús de lujo hacia Guadalajara porque ahí estaba mi mamá y mis hermanas. Los asientos eran cómodos y azules; yo me sentaba en la última fila, cerca de los baños. Había un estante de revistas y periódicos, todos nuevos; yo tomaba La Jornada (JAJAJAJAJAA) y otro periódico, pero este amarillista y con fotos de escándalos y muertos. Leía La Jornada y no sabía si tenía que pagarlo, pero me di cuenta que las revistas y periódicos eran cortesía del autobús. Como íbamos hacia Guadalajara, pasamos por una playa de Tepic (!!) que tenía nombre, pero lo olvidé -en el sueño lo repetía para poder regresar con Tomás. La playa era una gran roca, del tamaño de un pequeño cerro, que tenía a su alrededor un banco de arena blanca, y agua cristalina que cuando aumentaba de profundidad se veía turquesa. A lado de la roca, un cerro con árboles. Había mucha gente, al parecer era un lugar muy turístico, y oía una discusión entre dos pasajeros: una señora decía que el lugar era inseguro porque la playa era como un gran pantano y la roca podía moverse y aplastar gente, y un joven que decía que no, que sí era como pantano pero que la roca era una formación geológica, con un nombre extravagante, y que por dentro tenía cavernas, pero que era peligroso entrar a las cavernas. No sé si en ese momento o después en el sueño, vi dos personas estancadas esperando ser rescatadas de la playa.
Mientras llegaba a Guadalajara, me daba cuenta que sólo tenía el teléfono de la casa de mi tía Cecy, y ninguna otra forma de localizar a mis parientes. Ni siquiera dirección. Tomaba la decisión de llegar a un hotel si no lograba localizar a alguien de la familia. Pero en la central de autobuses ya me esperaba mi mamá con una de mis dos hermanas. Me preguntaba qué hacer en Guadalajara, y yo le decía que yo quería ir a los museos, y como no fue una opción que le gustara, recordé que estaba la FIL (how convenient). Después no sé por qué estaba rehaciendo mis maletas, metiendo zapatos y buscándolos debajo de una cama. Mi abuela materna (que se murió hace años) le enseñaba fotos muy viejas de mi familia (mi ascendencia) a Tomás.
Soñé que estaba embarazada, e iba a un hospital a checarme. Antes de mí, una pareja española. La mujer tenía un embarazo casi a término, y dos doctores checaban de nuevo con la pareja el cariotipo del bebé. El cromosoma 16 era una tilde, y eso significaba que la niña tendría problemas con su vista periférica y además, no podría ver cosas que estuvieran lejos (o cerca) de ella: todo lo que estuviera a su alrededor sería invisible. La pareja repetía el resultado del cariotipo anómalo de su bebé, pero era como si los defectos en sus cromosomas fueran algo sin importancia: lo repetían alegres, sólo para complacer a los médicos. Ellos, la pareja, se encontraban genuinamente felices por el bebé que tendrían.
La bebé era Naida, de dos años, más larga y más flaca, pero también se parecía a mí. Y la bebé no podía ver las cosas lejanas a ella: no era como una miopía, pues no veía las cosas como difuminadas, sino simplemente las cosas que estuvieran a más de cierta distancia no existían para ella.
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