Estaba con Naida de bebé y mis hermanas; también estaba Mario, y Mario me mostraba fotos que había tomado. Era de noche, así que tenía que regresar a dormir con Naida; Mario invitaba a una desconocida y a otro y me ponía triste porque a mí no me invitaba, aunque sabía que no lo hacía porque tenía que ir a dormir a Naida -o eso quise creer en el sueño.
Mientras caminaba hacia mi departamento, cargando a Naida en brazos y ella tomando biberón, y en mi mano también un dulce, pensaba que eran chingaderas que mis papás quisieran que Naida pasara la noche con ellos. Naida estaba en México, y por tanto me correspondía estar todo el tiempo con ella, noches incluídas. Si en Monterrey Naida pasaba los fines de semana con ellos no había ninguna implicación de que pasaría lo mismo acá en México. Pensaba en hablarle a Quetzal para que les explicara. Llegué al edificio, que era como un hotel con lobby. Mi papá era el esposo de mi nina Teté; cuando me veía llegar caminaba hacia el lobby donde estaban mi mamá, mi tía Cecy, mi prima Fabiola, más parientes que no tenían cara y hasta el Playa (quien trabaja en el instituto). Mi mamá se levanta, y quiere quitarme a Naida. Yo intento explicarle los argumentos, pero ella no me deja hablar. Como todos me veían con cara de que yo era culpable de algo, empecé a señalar a todas las personas reunidas en el lobby, diciéndoles que no tenían por qué opinar: “ni tú, ni tú, y mucho menos tú”. Mi tía Cecy trata de tranquilizar a un pariente que está sentado a su lado, y le dije: “Tía, es la primera vez que me decepciona”. Intenté explicar que por ley Naida podía y debía dormir conmigo, pero no podía decirlo porque mi mamá insistía en llamar abogados y no me dejaba hablar, ni ella ni mi tía. Y entonces empecé a llorar, y me desperté llorando; al principio no reconocí dónde estaba, y a pesar de que Tomás me repetía que era un sueño seguían saliéndome lagrimones. Creo que me hizo llorar más contarle el sueño a Tomás.
Odio esos pinches sueños vívidos. Sólo cuando sueño cosas tristes respecto a Naida y a Tomás me despierto llorando. Creo que es la segunda o tercera vez que me despierto así. Ni los sueños recurrentes con sismos y sacudidas me hacen llorar; esos nomás me despiertan agitada y me vuelvo a quedar dormida inmediatamente. Hace poco soñé estar en un edificio mientras temblaba intensamente, con sacudidadas muy fuertes. Las últimas veces no pasaba nada, pero esta vez los techos se caían. Snif.
Supongo que después de darme placer durante dos días seguidos con orgasmos que no me despertaban, mi cerebro decidió cobrarse la buena vida con sueños malignos. grrr.
Archivado bajo: Instituto, Mario, Monterrey, Naida, Tomás, desconocidos, hermana, orgasmos, papás, primos, sexo, sismos | Etiquetado: auto-misogínia, sueños freudianos
Me pasa también, siempre me hace llorar más contarle el sueño a la Milanesa, o a alguien más. ¿Luego te quedas apachurrada todo el día?
me quedo apachurrada por varios días, hasta que olvido el sueño… pero sí, más el primer día, como si hubiera sido real.